La historia del código de barras y el código QR
Última actualización: 15/09/2026
Hoy escaneamos códigos sin pensarlo: en el súper, en un menú de restaurante, para pagar un café. Pero detrás de esas cuadrículas de puntos negros hay dos historias separadas por casi 50 años, un dibujo hecho con los dedos en la arena de una playa y un ingeniero japonés que se inspiró en un juego de mesa milenario para resolver un problema de una fábrica de autopartes.
El código de barras: nació en una playa (1948–1974)
La historia arranca en 1948, cuando el dueño de una cadena de supermercados le pidió a la Universidad Drexel, en Filadelfia, un sistema para leer automáticamente el precio de los productos en la caja. Dos estudiantes de posgrado, Norman Joseph Woodland y Bernard Silver, se pusieron a investigar cómo resolverlo.
Según cuenta la leyenda (y el propio Woodland la confirmó varias veces), la idea final se le ocurrió sentado en una playa de Miami Beach a principios de 1949. Ya conocía el código Morse y empezó a jugar en la arena: hundió cuatro dedos y los fue arrastrando, extendiendo los puntos y rayas del Morse hacia abajo, en forma de líneas. El resultado fue un patrón de círculos concéntricos —un “ojo de buey”— que codificaba información en el ancho y espaciado de las líneas. Woodland y Silver patentaron la idea en 1952, pero la tecnología de la época (sin láseres ni computadoras baratas) no permitía leerlo de forma práctica.
Hubo que esperar casi 25 años. RCA probó el código circular de Woodland en un supermercado Kroger de Cincinnati en 1972, pero la tinta se corría al imprimirlo en las rotativas y el sistema fallaba. Fue George Laurer, ingeniero de IBM (empresa que había contratado a Woodland), quien rediseñó el símbolo como una serie de líneas verticales rectangulares en lugar de círculos: nació el UPC (Universal Product Code), mucho más resistente a errores de impresión.
El 26 de junio de 1974, en un supermercado Marsh de Troy, Ohio, se escaneó por primera vez un código de barras real en una venta: un paquete de diez chicles Wrigley’s Juicy Fruit. Ese paquete se conserva hoy en el Instituto Smithsoniano.
El código QR: cuando Toyota necesitó ir más rápido (1994)
Veinte años después, el código de barras clásico ya mostraba sus límites: solo podía guardar unos 20 caracteres y había que escanearlo varias veces para leer toda la información de una pieza. Ese era justamente el problema de Denso Wave, una empresa del grupo Toyota que fabricaba componentes de autos y necesitaba rastrear cada pieza en la línea de producción.
En 1994, un equipo liderado por el ingeniero Masahiro Hara se puso a diseñar un código que pudiera leerse mucho más rápido y guardar mucha más información. Para resolver un problema clave —que el escáner supiera reconocer el código sin importar desde qué ángulo lo mirara— Hara se inspiró en algo bastante inesperado: el Go, el milenario juego de mesa japonés de fichas blancas y negras. De ahí surgieron los tres cuadrados grandes que ves en las esquinas de todo código QR (los “patrones de posición”): le permiten al lector ubicar el código al instante, esté derecho, inclinado o boca abajo.
El nombre QR viene de “Quick Response” (respuesta rápida), justamente por la velocidad de lectura. A diferencia del código de barras, un QR puede guardar más de 4.000 caracteres alfanuméricos y tiene corrección de errores integrada: aunque se dañe o se tape hasta un 30% del código (por ejemplo, con un logo en el centro, como los que podés agregar en QR Studio), sigue siendo legible.
La decisión que más aceleró su adopción mundial fue otra: Denso Wave, aunque registró la patente, decidió no ejercer sus derechos sobre la tecnología básica y la liberó para que cualquiera pudiera usarla sin pagar licencia. El código QR se volvió estándar ISO en el año 2000 y, gracias a esa apertura, cualquier empresa —incluida esta— puede generar códigos QR libremente.
De la fábrica a tu bolsillo
Durante casi 15 años el QR se usó sobre todo en Japón: fábricas, y después revistas y publicidad, ya que los celulares japoneses venían con lector de QR integrado desde principios de los 2000, mucho antes que el resto del mundo. El gran salto global llegó recién con la pandemia de COVID-19 en 2020, cuando de la noche a la mañana los QR se convirtieron en la forma estándar de ver un menú sin tocar un papel, registrar una entrada o pagar sin contacto. Hoy conviven ambos códigos: el de barras sigue siendo el rey de los supermercados, y el QR domina todo lo que necesita más información, un diseño personalizado o un puente directo hacia internet.
¿Querés crear tu propio código QR personalizado?
Ir al generador